Oh dulcísima María, manantial de la sabiduría eterna,
dispensadora de los tesoros de la Divina Bondad,
a Ti que conoces mis necesidades aún antes de pedirlas
te encomiendo todo lo que me causa intranquilidad,
deposito en tus manos mi carga, dame victoria en lo que pido;
en Nombre de Jesucristo, tu Hijo, camina por mi hogar,
cuida, vigila y preserva a cada uno los que en él habitamos,
llévate los malos momentos, los agobios, las dificultades
y trae a nuestras vidas todo aquello que es conveniente
y que el Señor tiene reservado a sus hijos.
