Oh san Lázaro
bendito, elegido por Jesús como amigo,
que le acogiste en
tu casa con sincero y profundo cariño,
y fuiste
fortalecido por su Espíritu e iluminado con su Palabra,
y el Maestro, en su bondad, y por el amor que te profesaba,
junto con la vida
del alma, te devolvió la vida del cuerpo;
tu que eres valioso protector
de los que sufren
y patrón efectivo de los
pobres y necesitados,
concédeme auxilio,
que tu bendición nunca me falte.
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