Bondadoso y
misericordioso Señor de los Milagros,
adorabilísimo Jesús
crucificado,
Hijo de Dios, amadísimo
hermano y Salvador nuestro,
amigo fiel y
verdadero,
caudal inagotable
de ternura, luz, caridad y amor
que intercedes
constantemente por nosotros.
Tú que eres fuente
de vida
y que de tu
plenitud recibimos todas las gracias
alivia las penas
de nuestros corazones,
líbranos de todos
los males de cuerpo y alma,
aumenta nuestra fe,
y enciende nuestra caridad;
danos esperanza en
las luchas cotidianas
