Con humilde y devoto corazón llego hoy a vuestra presencia,
¡oh gloriosísimos abuelos de Jesucristo, Joaquín y Ana:
esperanzado y con mucha fe, os suplico,
seáis mis fieles intercesores para con Dios,
a fin de que por vuestras heroicas virtudes
me conceda lo que tanto deseo y vosotros no ignoráis.
