¡Oh mi piadoso Señor Jesucristo!
Yo pecador, sin presumir de mis méritos,
sino confiando en tu bondad y misericordia,
temo y vacilo
al acercarme a la mesa de tu dulcísimo convite,
al acercarme a la mesa de tu dulcísimo convite,
pues tengo el cuerpo y el alma manchados
por muchos pecados y no he guardado con prudencia
mis pensamientos y mi lengua.
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