¡Oh, gran San Francisco Javier!,
bienaventurado y glorioso patrón
de las causas perdidas, de lo imposible,
predicador incansable y prodigioso misionero,
que al servicio de Dios Padre Todopoderoso
recorriste el mundo entero llevando su Palabra:
recorriste el mundo entero llevando su Palabra:
junto a ti adoro la Divina Majestad,
me alegro especialmente por los dones
que con generosidad te entregó en vida
y por la gloria que te concedió después de la muerte,
le doy gracias a Dios, y le pido,
con todo el afecto de mi corazón,
que mediante tu poderosa intercesión
pueda obtener lo que pido humildemente.
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