viernes, 28 de marzo de 2014

ORACION A SAN ISIDRO LABRADOR PARA PETICIONES URGENTES DE DINERO, TRABAJO, NEGOCIO



Glorioso San Isidro, santo patrón de los desvalidos,
tu vida fue un ejemplo
de humildad y sencillez,
de entrega, dedicación y generosidad,
de trabajo, sacrificio y oración,

y, por tu constancia en el bien obrar, 
por el cumplimiento fiel de tus deberes,
mereciste la veneración en la tierra
y la recompensa eterna de la Gloria Celestial. 

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 Enséñanos a compartir el pan de cada día
con nuestros hermanos los hombres,
y haz que el trabajo de nuestras manos
sea plegaria de alabanza al nombre de Dios. 


 
Como tú, acudo confiadamente a la bondad de Dios,
para que ponga su mano providente en mi vida,
y me conceda alivio en los agobios y preocupaciones,
necesito cuanto antes mejorar mi economía,
prosperar en mi trabajo, en mi negocio, 
ya ves que por mis medios me resulta muy difícil, 
me es imposible conseguir el dinero que preciso, 
y mi familia sufre grandes necesidades y carencias,
por ello te ruego intercedas ante El
y solicites de su inmensa bondad y comprensión
ayuda urgente para salir de esta desesperada situación:

(pedir con fe y esperanza lo que se quiere conseguir).

Virtuoso san Isidro Labrador,
tu que en vida socorriste a los necesitados, 
dabas lo que tenías a los pobres 
y auxiliabas a los enfermos y desfavorecidos
y ahora desde la Gloria sigues haciéndolo,
no desestimes mis suplicas,
llévalas ante el Señor, Dios de todo consuelo 
e implórale que tenga piedad de mi en la adversidad, 
ruégale me envíe sus Auxilios Divinos
y me socorra en mis graves dificultades,
porque El es la recompensa del humilde
y la defensa de los sin esperanza,
El es infinitamente Misericordioso, 
nos ama y desea lo mejor para nosotros, 
Él es todo amor, bondad y compasión 
y no deja sin ayuda a sus hijos en la tierra, 
Él es nuestro Padre Celestial, nuestro proveedor, 
y vive y reina por los siglos de los siglos. 
Amén. +

Reza tres Padrenuestros, tres Avemarías y tres Glorias. 
Haz la oración y los rezos cinco días seguidos. 

NOTAS SOBRE SAN ISIDRO LABRADOR 
Le pusieron ese nombre en honor de San Isidoro, un santo muy apreciado en España. Nació casi finalizado el siglo XI, en 1082, iluminado con su ardiente fe al pueblo de Madrid. 
Sus padres eran unos campesinos sumamente pobres que ni siquiera pudieron enviar a su hijo a la escuela. Pero en su cristiano hogar le enseñaron a tener temor a ofender a Dios, un gran amor lleno de caridad y entrega hacia el prójimo y, sobre todo, un enorme aprecio por la oración, por la Santa Misa y la comunión. 
Cuando apenas contaba 10 años murieron sus padres y se quedo solo en el mundo. Isidro se empleó como peón de campo, ayudando en la agricultura a Don Juan de Vargas un dueño de una finca en las afueras de Madrid. Allí pasó muchos años de su santa existencia labrando las tierras, cultivando y cosechando.
Se casó con una sencilla campesina que también llegó a ser santa y ahora se llama Santa María de la Cabeza (no porque ese fuera su apellido, sino porque su cabeza es sacada en procesión en rogativas, cuando pasan muchos meses sin llover).
Isidro se levantaba muy de madrugada y nunca empezaba su día de trabajo sin haber asistido antes a la Santa Misa. Varios de sus compañeros muy envidiosos lo acusaron ante el patrón por no presentarse al trabajo. El señor Vargas se fue a observar el campo y notó que sí era cierto que Isidro llegaba una hora más tarde que los otros (en aquel tiempo se trabajaba de seis de la mañana a seis de la tarde) pero que mientras Isidro oía misa, un personaje invisible (quizá un ángel) le guiaba sus bueyes y estos araban perfectamente, como si el propio campesino los estuviera dirigiendo.
Los mahometanos se apoderaron de Madrid y de sus alrededores y los buenos católicos tuvieron que salir huyendo. Isidro fue uno de los inmigrantes y sufrió por un buen tiempo lo que es irse a vivir donde nadie lo conoce a uno y donde es muy difícil conseguir empleo y confianza de las gentes. Pero sabía aquello que Dios ha prometido varias veces en la Biblia: "Yo nunca te abandonaré”, y confió en Dios y fue ayudado por Dios. 

Lo poco que ganaba como jornalero, Isidro lo distribuía en tres partes: una para el templo, otra para los pobres y otra para su familia (él, su esposa y su hijo Illán). Y hasta para las avecillas tenía sus apartados. En pleno invierno cuando el suelo se cubría de nieve, Isidro esparcía granos de trigo por el camino para que las avecillas tuvieran con que alimentarse. Un día lo invitaron a un gran almuerzo. El se llevó a varios mendigos a que almorzaran también. El anfitrión, al ver que eran tantos, le dijo que no le alcazaba para todos, que solamente le podía dar almuerzo a él y que no había para los otros. Isidro entonces repartió su almuerzo entre los mendigos y, milagrosamente, alcanzó para todos y aún sobró.

Los domingos, que eran sus días libres, los distribuía así: por la mañana estaba varias horas en el templo rezando, asistiendo a misa y escuchando la Palabra de Dios. Otro buen rato lo dedicaba a visitar y llevar lo que podía a pobres y enfermos y por la tarde salía a pasear por los campos con su esposa y su hijo. Pero un día mientras ellos corrían por el campo, dejaron al pequeño junto a un profundo pozo de donde sacaban agua y en un movimiento brusco de Illán, la canasta donde estaba dio vuelta y cayó dentro del pozo. Alcanzaron a ver esto los dos esposos y corrieron juntos para ver si lo podían sacar, pero el pozo era muy profundo y no había forma de rescatar a su hijo. Entonces se arrodillaron a rezar con toda fe y las aguas de aquel aljibe fueron subiendo hasta que apareció la canasta con el niño y vieron que, milagrosamente, no le había sucedido ningún daño, estaba perfectamente. No se cansaron nunca de dar gracias a Dios por tan admirable prodigio.
Volvió después a Madrid y se alquiló como agricultor en una finca, pero los otros peones, al ver que Isidro adelantaba más y conseguía mejores productos, pese a estar orando largo tiempo, lo acusaron ante el dueño de que trabajaba menos que los demás por dedicarse a rezar y a ir al templo. El dueño le puso entonces como tarea a cada obrero cultivar una parcela de tierra. Y la de Isidro produjo el doble que las de los demás, porque Nuestro Señor le recompensaba su piedad y su generosidad enviándole su auxilio celestial.
En el año 1130 sintiendo que se iba a morir hizo humilde confesión de sus pecados y recomendando a sus familiares y amigos que tuvieran mucho amor a Dios y mucha caridad con el prójimo, murió santamente. 

Su profundo amor a la Eucaristía, su entrañable devoción a la Santísima Virgen y su acercamiento en plenitud al Señor, le impulsa a identificarse con el pueblo, con los niños, con los desvalidos, con los que sufren hambre de pan y del alma, con todas las criaturas de Dios, como adelantado y predecesor del Serafín de Asís, san Francisco. 
En vida hizo muchos milagros y ahora desde las Alturas sigue haciéndolos para beneficio de nosotros. 

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